Si James estuviera vivo, tendria 75.

Asi no más, si el señor dinamita del funk, James Brown estuviera vivo tendría 75 años recien cumplidos. El pasado sábado 3 de mayo, hubiese cumplido 75 años de edad, vale la pena recordarlo.

Via: el periodico.com.gt

Era cantante, pero para empezar se le conocía más por sus gruñidos y verborrea. Luego, era en extremo peculiar por su forma de bailar en los conciertos, que tanto Mick Jagger como Michael Jackson se empeñaron en emular. La onda expansiva de su ingenio estalló en particular por sus composiciones y dirección de su propia banda, que lo convirtieron, ni más ni menos, en el Rey del Soul o Mister Dinamita como también le llamaron a James Brown. Hoy, es considerado como uno de los más influyentes de la música del siglo XX, que sin perseguirlo tocó todas las fibras de la música pop.

Del pop al jazz

Lo que ocurrió es que su funk abasteció el ritmo sofisticado que sirve hoy de base al hip hop y sin vaguedades, del pop, del rhythm and blues y del jazz. Tal como se constató en la obra de The Temptations, Sly and Family Stone y en las composiciones de Miles Davis. Su estilo causó tal sensación en África, que provocaría el surgir del afrobeat de la mano de Fela Anikulapo Kuti, de Sunny Ade o en el mbalax de Youssou N’Dour. Brown en su manera fanfarrona de hablar declaró en su libro autobiográfico: “Yo les enseñé a ellos todo lo que saben, pero no todo lo que sé”.

Su funk lo introdujo en 1965, con la canción Papa’s got a brande new bag, enraizado con profundidad en África, pero con el celo estético norteamericano. Fue tanta la impresión de este disco, que le acreditó su primer premio Grammy (de tres en total) por Mejor Canción de rhythm and blues. Luego, temas como I got you (I feel good), Cold sweat, Get up (I feel like being a) Sex machine, y Hot pants, pusieron al desnudo su fórmula, mostrar el lado percusivo de cada instrumento (incluyendo la guitarra) y el tejido de un vivo patrón sincopado, adherido a polirrítmias quinéticas que hacían bailar al público. La receta de un funk carnoso, entonces embelesó.

Hasta finales de los años setenta cuando su carrera decaía, ya había vendido millones de discos. De hecho, a principios de los ochenta se jactó que, “tengo más de 800 canciones en mi repertorio, 83 millones de discos vendidos, y muchas otras canciones igual comerciadas por 700, 800, 900 mil”.

Cierto o no, lo que sí consta es que en los años sesenta y setenta, por lo regular, sus canciones ingresaban a las listas de popularidad de rhythm and blues, aunque nunca se colocaron en primeros lugares. Aún así, su música probó ser en extremo duradera e influyente como se notaba ya en esas mismas listas.

Hubo un plus del maestro en sus actuaciones sobre el escenario. El Padrino del soul, como también le llamaron, bailaba, se empinaba, hacía veloces rotaciones, caía de rodillas y hacía quiebres abruptos de manera tan particular que fue digno de imitar.

El lado político

Brown también fue una fuerza política, en particular en los años sesenta. Su canción de 1968, Say it loud-I’m black and I’m proud cambió el vocabulario racial en Estados Unidos. Eso sí, en política nunca fue predecible. En 1972 endosó la reeleción de Richard M. Nixon.

Hay que reconocer que Brown empezó desde abajo. De niño se ganó sus primero centavos por bailar para los soldados. Igual, por recoger algodón y lustrar zapatos.

Pero fuera de mitos y como se ha encargado de develar Sean Flynn, en el número de abril de la revista G.Q, Brown se llevaba fatal con sus hijos y ex esposas, y se comportaba como un tirano con sus empleados incluyendo a sus músicos y ejercía de libertino.

En su herencia (fallecido el 27 de diciembre 2006) renegó de sus hijos y determinó que esta se repartiría entre sus nietos y niños pobres de Georgia y Carolina del Sur, algo que ya había hecho desde el inicio de su carrera, incluyendo a pobres blancos.

Sin embargo, la historia negra del Ministro del Funk Super Heavy, como también se le conocía, no eclipsó su aporte y genialidad musical. Su música sudorosa y compleja, disciplinada y salvaje, lujuriosa y de conciencia social, la acompañó de un lenguaje estilístico que él mismo ayudó a forjar por entero. Puede que haya estado en lo cierto cuando declaró a The New York Times en 1990: “Yo siempre me anticipé 25 años a mi época”

 

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